Ciudadanía: ¿Qué es y cuáles son sus características?

Ciudadanía

A pesar de que usamos el término “ciudadanía” constantemente, es bastante probable que no conozcas exactamente qué significa y las responsabilidades que trae consigo. Ser ciudadano no implica únicamente compartir un espacio geográfico con otras personas, al contrario, la ciudadanía incluye tanto derechos como deberes. 

Cuando hablamos de ciudadanía nos referimos a la participación y responsabilidad que poseen los ciudadanos dentro de una comunidad y territorio geográfico dado. Ser parte de un país debe ser un derecho inherente al ser humano, sin embargo, a veces algunos derechos se ven vulnerados por el Estado, por eso es tan importante conocer el rol que cumple la ciudadanía. 

¿Qué es la ciudadanía?

Según la Real Academia Española, la ciudadanía se refiere a la “cualidad y derecho de un ciudadano y el conjunto de ciudadanos de un pueblo o nación”, mientras que a un ciudadano se le conoce como aquella persona considerada como un miembro activo de un Estado, que además está sometido a sus leyes y es titular de derechos políticos. 

Podemos decir entonces que la ciudadanía es una condición donde una persona es reconocida como miembro de un territorio, nación y país que le otorga una serie de derechos y deberes como:

  • Conocer y respetar las leyes que regulan el sistema político 
  • Contribuir a la sociedad como ciudadano, no solo desde lo individual sino también desde lo colectivo 
  • Cumplir con una serie de obligaciones jurídicas 
  • Gozar de los derechos que dicta la ley

Una ciudadanía debe, además, contar con una serie de características donde los individuos que la componen comparten e interpretan su pasado y sus tradiciones; hablan un mismo lenguaje; se diferencian gracias a sus prácticas sociales, conflictos y luchas. Ser ciudadano no significa únicamente ser un sujeto de derecho, sino que también integra las prácticas sociales y culturales.

Ciudadanía y democracia

Ahora bien, es importante tener en claro que los términos de ciudadanía y democracia siempre deben ir de la mano, ya que uno depende del otro para su puesta en práctica. Esto quiere decir que un Estado democrático necesita de la ciudadanía para poder sostenerse, así como la ciudadanía necesita de la democracia para poder expresarse. 

La ciudadanía implica la existencia tanto de derechos como de obligaciones que al mismo tiempo le exigen a las instituciones del Estado funcionar de una determinada manera como componentes de un Estado de derecho, democrático y social. La democracia, por otro lado, garantiza la libertad con que los ciudadanos interactúan basándose en la ley y la constitución para la fijación de los derechos y obligaciones que se deben cumplir.

Para que tanto la ciudadanía como la democracia tengan éxito es indispensable que todos los actores de la comunidad se involucren y tengan una participación activa: gobierno, grupos de poder, instituciones, ciudadanos, entre otros.

¿Qué es la ciudadanía social?

La ciudadanía social es el conjunto de derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, al igual que los deberes que se les relacionan y que se atribuyen a los ciudadanos que conforman una sociedad. Este concepto se desarrolló por Thomas H. Marshall en su obra Ciudadanía y Clase Social en 1950. 

En su tesis, Marshall asegura que para participar plenamente en la vida pública, los ciudadanos necesitan alcanzar cierto nivel de bienestar material y social, por lo que la noción de ciudadanía no puede ser independiente de las dimensiones sociales y económicas. 

Desde otra perspectiva, la dimensión social de la ciudadanía se encuentra ligada al estado del bienestar y los derechos que lo acompañan: sanidad, educación, protección, defensa, entre otros, así como el comportamiento de las personas en sociedad a quienes se les exige un cierto grado de lealtad y solidaridad. Las habilidades sociales son fundamentales para que esto sea posible. 

¿Qué es la ciudadanía activa?

Se le llama ciudadanía activa al ejercicio participativo y pleno de la ciudadanía, donde sus miembros se sienten parte de una comunidad y pueden influir en su desarrollo y contribuir a su bienestar. En pocas palabras, se refiere al papel activo que desempeñamos como miembros de una sociedad, bien sea con vecinos, grupos sociales o incluso en toda una nación o país para mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

Una ciudadanía activa implica trabajar para el desarrollo de una comunidad a través de la participación para mejorar la calidad de vida de sus miembros. Para que esto pueda ponerse en práctica no es necesario ser un “buen ciudadano” y seguir al pie de la letra todas las normas o leyes; un ciudadano activo debe ser capaz de cuestionar las estructuras y reglamentos cuando estos no son del todo justos.

¿Qué es la ciudadanía pasiva?

A diferencia de la ciudadanía activa, cuando hablamos de una ciudadanía pasiva nos referimos a la actitud indiferente o descomprometida que expresan los ciudadanos de una comunidad. Es bastante común que venga acompañada de la idea de que no es posible generar un cambio significativo en la sociedad y por ende es mejor no hacer nada. 

Una ciudadanía pasiva se caracteriza por el individualismo, no existe una participación de ningún tipo dentro de la vida política, cultural o sociedad de una comunidad. Los individuos se preocupan únicamente por su bienestar y no contribuyen a generar mejores condiciones para el colectivo.

Formas de participación

Queda bastante claro entonces que la participación es fundamental no solo para el desarrollo de la ciudadanía sino también para el ejercicio de la democracia. Ahora bien, existen distintos mecanismos y formas en que la participación puede ponerse en práctica. Sherry Arnstein desarrolló una escalera de participación en 1969 que se ha convertido en una de las más conocidas y que luego fue adaptada por Roger Hart en 1993. 

Esta escalera consta de 8 peldaños o escalones que van desde una poca o ninguna participación de los ciudadanos hasta el otro extremo con un ejemplo excepcional de ciudadanía. Mientras más alto se esté en la escalera, más poder se tiene a la hora de determinar los resultados o influir en los cambios. Desde abajo hacia arriba la escalera se compone de la siguiente manera: 

Escalón 1: participación manipulada

Se da cuando se utiliza a la población para realizar acciones que en muchos casos no entienden y que no responden a sus intereses. Por ejemplo, cuando los gobiernos le pagan a los ciudadanos por llevar pancartas políticas. En este escalón los ciudadanos no tienen una influencia real en los resultados. 

Escalón 2: participación decorativa

En este escalón se utiliza a la población como un accesorio destinado a decorar o animar una actividad en particular. No tienen un papel significativo dentro de las manifestaciones y suelen ser poblaciones vulnerables o minorías. Por ejemplo, cuando utilizan a poblaciones indígenas para promover algún hecho o situación que no necesariamente los beneficia. 

Escalón 3: participación simbólica

La participación simbólica es aquella donde la participación de la población es solo aparente, es decir, no es real ni tiene ningún tipo de impacto en la sociedad. Un claro ejemplo de esto es cuando se usa a los niños dentro de representaciones políticas donde suelen ser “preparados” por los adultos. 

Estos tres escalones se consideran una falsa participación ya que los ciudadanos no tienen una participación consciente ni responde a sus intereses. 

Escalón 4: participación de asignados pero informados

Es considerado el primer nivel de participación real ya que aunque se dispone de la población para participar en determinadas actividades, se le informa con anterioridad en qué consiste. Aunque se le asigna sin consulta, conoce de qué trata su participación. 

Escalón 5: participación con información y consulta

A diferencia del nivel anterior, en este caso los agentes externos informan y consultan a la población sobre una posible participación. Es decir, es la población quien decide voluntariamente si desea o no participar en el evento o actividad. 

Escalón 6: participación en ideas de agentes externos de desarrollo compartidas con la población

Vemos como el nivel de participación de los ciudadanos va en aumento, en este escalón si bien es cierto que la acción es pensada por agentes externos de desarrollo, esta es compartida con la población y se le permite aportar nuevas ideas o acciones. 

Escalón 7: participación en acciones pensadas y ejecutadas por la propia población

En este nivel no existe la participación de agentes externos. Es la población quien planifica y ejecuta las acciones destinadas al desarrollo y bienestar. El único aspecto negativo de esta dinámica es que la población no cuenta con la experiencia o dominio técnico de los agentes de desarrollo. 

Escalón 8: participación en acciones pensadas por la propia población y que han sido compartidas con agentes externos de desarrollo

Este es el escalón máximo de participación ciudadana, donde la población en conjunto con agentes externos de desarrollo planifican acciones que beneficien a la comunidad y respondan a sus intereses. 

Como ya hemos visto, la ciudadanía es indispensable para una nación democrática y ambas deben ir de la mano para garantizar que la participación responda a las necesidades de bienestar de las comunidades. En Marca Lima trabamos de la mano con las marcas para acercarlas cada vez más a la ciudadanía, creando marcas responsables que se involucren con la comunidad. 

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